lunes, 26 de noviembre de 2007

Esencias


Frente a los cofrades elitistas, que persiguen grados de perfección en ocasiones hasta ridículos, frente a la cerrazón, frente a supuestas y falsas exquisiteces; reside la fuerza inequívoca de lo popular, que contiene en sí, la emoción, la devoción, la espiritualidad sin corsé que se manifiesta continuamente en nuestras cofradías.

Sin embargo, cuando lo popular se masifica y se le dota de tintes sintéticos e inventados; no solo corrompe lo esencial sino que lo enmascara de manera artificiosa, además de convertir en primordial lo meramente secundario, en ordinario lo extraordinario, y en encorsetado y supuesto a lo espontáneo.


Por desgracia, desde aquella transformación sucedida en la década de los noventa, donde creció todo tanto, son los extremos los que han engordado trazando una muy delgada línea roja entre la esencia emocional, devocional y popular de la Semana Santa y ese maquillaje artificioso, chocante y a veces kitch que suponen tantas manifestaciones secundarias aparejadas, que en ocasiones destruyen más que crean.


Un ejemplo meridiano del suelo donde pisamos es la reciente procesión extraordinaria del Cristo de la Defensión de Jerez de la Frontera. No sabemos si imbuidos por esos extremos de los que hablamos o por pura ingenuidad y buena voluntad, la Hermandad de este referente devocional jerezano quiso hacer más “extraordinaria” esa salida contratando a la banda de la Tres Caídas de Triana. Como quiera que era la primera vez que la banda trianera visitaba esta ciudad, convertía este hecho puramente secundario en un valor añadido. Cuentan las crónicas que cientos de personas acudieron a esta procesión, nada anormal hasta aquí… Lo que dejó perplejo a algunos cronistas fue la masa de jóvenes y no tan jóvenes que se agolpaban detrás del paso, con todo tipo de artilugio en ristre para no perderse ni un detalle de …¡¡¡ la banda!!!


Si, por supuesto, que lejos de ser novedad se viene dando últimamente, pero que lejos de congratularnos debería preocuparnos. Que uno de los principales referentes devocionales de una ciudad con tanta solera cofrade pase a ser objetivo secundario, mientras que el complemento, por muy extraordinario y fenomenal que sea – no quito ni un ápice a la calidad y mérito de la Banda- se convierta en actor principal.


La segunda parte de este fenómeno es para mí, aún peor. Y es la irrupción de “entendidos” y “especialistas” en cada palo, que se convierten en “Catedráticos de la flor y la priostía”, en “Maestros escuchantes de cornetas y tambores“ o “Profesores del costal y la trabajadera”, entre otros… o resumiendo y usando el ingenio de Paco Robles toda un ejército de “Tontos de Capirotes”.


Por supuesto nadie, absolutamente nadie, escapamos de ello. Ni tampoco soy partidiario de una manisfestación religiosa minimalista y “purista” pues igualmente destruiríamos el valor esencial de lo popular. Pero si es necesario un ejercicio de reflexión que nos devuelva de alguna manera una medida de lo estético, de lo esencial, de lo popular frente a lo populachero y no terminar por transformar nuestra semana santa y nuestros actos de culto en meros espectáculos teatrales, en “conciertos andantes”, en “exposiciones efímeras”... Solo hace falta un poco de sentido común, que parece hoy día, es el menos común de todos los sentidos.